lunes, 31 de enero de 2011

DULCE INTRODUCCIÓN AL CÁOS.

¿Este blog? A mis amigos...
"Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano."

Salió de su casa pegando un portazo, empujado por la indignación más rebelde, adolescente, inconformista y, por qué no decirlo, infantil. Y ahí volvía a estar él, junto al fantasma  de la ida, de la marcha, de viajar a 1.000 kilómetros de allí, allá donde nadie dirigiese su vida, donde él fuera dueño y señor de su presente, aunque eso le costase el futuro. Sí, le abrumaba la idea de irse y de perderse entre tanto tonto, pero se aterrorizaba al pensar en la posibilidad de estancarse.

Bajó a la calle, con sus auriculares puestos, procurando dejar atrás los problemas, pero le fue imposible sacudirse de la cabeza aquella idea que le consumía, la que en silencio se había instalado en su cabeza desde hacía unos días.

Con su mente divagando encaminó los Paseillos, mirando al suelo mojado, sorteando charcos y mierdas de chucho, escuchando a Los Planetas y replanteándose todo sin saber qué exactamente, porque estaba claro que algo andaba mal o, como poco, no andaba.
Avanzó unos metros, repitiendo el itinerario matutino, con su carpeta azul, dando de bruces con una de esas estampas que sólo Granada es capaz de regalar. Y su cabeza voló a San Miguel, escondido tras esas ramas de árbol, que se alzaba sobre el Albaizyn. Y un poco más adelante miró la Alhambra y la Sierra, separadas por Caminos. El Sol, a punto de cerrar el chiringo remataba tan genial panorámica con esas luces propias de la hora mágica, provocando un contraste luz-sombra en las pareces de los edificios. Y su cabeza siguió volando y recorriendo cada recoveco de la ciudad, reviviendo todos esos recuerdos que se fundían en una sensación explosiva, imaginando cara una de las caras de los compañeros de Viaje...

¿Cómo se iba a marchar? ¿Cómo iba dejar atrás todo eso? ¿Cómo iba a decirlo...?
Él creyó conveniente contar su historia, su vida, su Viaje (sí, el Viaje de Estudios de sus neuronas), por lo que pudiera -o no- pasar; por si no había un mañana; por si amanecía en otra ciudad...

-y le dio la vuelta al maldito folio y siguió con su vida-


Ahora he vuelto a descubrir que cambio por segundos.

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